El cielo de tenerte
Me parece fantasía
Mi nombre es Michael Windsor, tengo 19 años, nací en
Inglaterra en una familia de la realeza, viaje junto con mi familia a Japón
puesto que mi padre está encargado de fortalecer los negocios entre Inglaterra
y Japón, nunca me falto nada siempre obtenía todo lo que deseara pero… bueno
realmente solo puedo decir una cosa, en una ocasión leí una frase de Alejandro Dolina esta decía que el amor
depara dos máximas adversidades de opuesto signo: amar a quien no nos ama y ser
amados por quien no podemos amar; pero hoy pienso que él estaba equivocado
puesto que ninguno de estos casos aplica para mí.
Mi historia empezó en una tarde de otoño, era una tarde
fría, el viento soplaba fuerte, las hojas caían lentamente y se podía escuchar el sonido de las hojas
que se quebraban al ser pisadas. Si tan
solo unos días antes hubiese sido un poco más prudente mi vida no habría dado
tan inesperado giro…
-Mamá esto no es justo acepte vivir en Japón pero no puedo aceptar tener que
ir a una escuela
-Michael esto no es cuestión de si lo deseas o no es una decisión que tomamos tu padre y yo
- ¿pero qué hay de malo con seguir teniendo clases particulares?
Mi madre suele ser una persona
tranquila y pacifica; sin embargo el comportamiento que estaba adoptando
empezaba a molestarle -ya te he dicho Michael tienes que asistir a la escuela y
no es un tema que este a discusión
-¡NO VOY A IR!, grite, puesto
que me encontraba molesto, luego de estas últimas palabras salí de la
habitación bruscamente, simplemente deseando llegar a mi cuarto y quedarme allí
o eso es lo que debí haber hecho.
Me encontraba inmerso en mis
pensamientos solo podía repetirme a mí mismo lo mucho que ansiaba irme, me
queje una y otra vez sobre las decisiones tomadas por mis padres, sobre como
tenía que aceptarlas por ser joven y depender
de ellos, para mí era tan molesto el tener que ir a una escuela y no
solo eso sino también adaptarme a un nuevo país- esto es tan molesto, ¿por qué
debo hacer todo lo que ellos me digan? Debería irme y dejar esto, tener que ir
a una escuela que acaso no tienen suficiente ya con traerme a este lugar…y de
esta manera pase toda la noche pensando en cómo huir de casa.
-Michael es hora de que vayas
a la escuela o se hará más tarde!
-ya oí, no tienes que
repetirlo ya me marcho
Dicho esto salí de casa pero
en lugar de dirigirme hacia la escuela había tomado la decisión de marcharme
así que me dirigí a la línea de Keikyū, una vez que estuve en el tren luego
de algunas horas me quede dormido, pase varias paradas hasta que finalmente el tren
llego a su última estación.
-Joven
por favor despierte llegamos a la última parada así que debe abandonar el tren
-eh…. ¿Dónde estoy…?
-usted está en la parada final
de la línea Keikyū
-¿dónde?
-se encuentra en Minato
-¿no estoy en shinagawa?
-no joven, minato queda al
este de shinagawa, ahora por favor podría abandonar la estación.
Finalmente tuve que abandonar
la estación estaba asustado y perdido, tal vez si estuviera en Inglaterra
podría encontrar un lugar donde quedarme porque sabría a que lugar ir, pero
para mí Tokio era un lugar completamente nuevo, conocía un poco las calles de
shinagawa; sin embargo yo jamás había estado en Minato y para ser a un peor mi
situación no había llevado nada de
dinero, contaba únicamente con mis libros y la tarjeta del tren. Caía la noche
y empezaba a hacer frio seguía sin encontrar una respuesta así que decidí
llamar a mi hermano Edward.
-¿hola?
-¿halo Edward?
-¿Michael, hermanito eres tú?
-hermano...ayúdame
-¿qué tienes, que sucede?, ¿sucedió algo malo?, cuéntame...!
-no sé que hacer huí de casa y estoy en Minato, Edward quiero regresar pero no
sé como
-¿en Minato? Pero pensé que estaban en shinagawa
-así es pero…me perdí no entiendes
-hermanito te entiendo, debes estar muy asustado… ¿estás muy lejos de la
estación?
-no, estoy cerca no quise alejarme demasiado
-bien encuentra un lugar de comida rápida el más cercano y espera ahí.
Cuando finalizo la llamada, Edward decidió llamar a nuestra madre Elizabeth y le contó lo
sucedido, luego de escuchar las palabras de mi hermano Edward partió junto con mi
padre Stefan en mi búsqueda puesto que los tenía bastante preocupados. Alistaron
el auto y salieron hacia Minato y así fueron en mi búsqueda, en cuanto a mí me esperaba una consecuencia que para muchos
seria sencillo pero eventualmente para mí se volvió mi mayor felicidad y al
mismo tiempo mi más grande sufrimiento.
Era tarde y yo había
obedecido las indicaciones de Edward, estaba
esperando un poco asustado y con frio pero paciente.
-Michael!!!!!
-mamá, papá… ¿qué hacen aquí?
-tu hermano se comunicó con tu madre, ¿qué estabas pensando al venir aquí?
-yo…
-no quiero oír tus explicaciones, sube al auto
-Stefan no seas tan duro con él, lo importante por ahora
es que está bien luego pensaremos en su castigo
Los tres subimos al auto, el silencio se apodero de todo
el trayecto a casa, yo me encontraba preocupado
por las consecuencias que llevarían el acto que cometí, pensaba que tan difícil seria afrontar mi castigo,
aunque, comparado con el frio y el miedo que sentí estando solo en Minato no
parecía incomodarme mucho aceptar lo que me impusieran, al final simplemente quería estar de vuelta en casa.
Paso así la semana, tuve que ir a la escuela vigilado
todo el tiempo para evitar que ocurriera de nuevo el incidente anterior, mi castigo aún no se había decidido
tanto que, llegue a pensar que dicho castigo simplemente seria olvidado; pero
ya era fin de semana y mi madre me exigió ir con ella a la misa que se
celebraría ese domingo
-Michael este domingo se
realizara una misa y tú me acompañaras
-¿una misa, por qué tengo que acompañarte?
-es en la iglesia católica de meguro seguro te agradara
así que no te quejes
En un principio no estuve de acuerdo; sin embargo pensé-y
si este es mi castigo, será sencillo solo tendré que ir y sentarme a
esperar que termine
-está bien iré
-recuerda que debes vestirte
presentable para la ocasión
-¿presentable? ¿Qué hay de malo con mi ropa?
-hijo esa no es forma de vestirte para ir a una misa,
espero que te veas como lo que eres, un digno hijo de la realeza
-mamá
estoy listo
-Michael
que es lo que estas vistiendo
-¿qué?
¿Acaso no dijiste que me vistiera así?
-bueno ya no importa no hay
tiempo, tendrás que salir así.
Salí con mi madre a la iglesia
meguro, subimos al auto y durante el camino ella me decía como debía
comportarme en la misa, siempre que
salgo con mi madre me platica sobre mi comportamiento, para ella es importante
el que aprenda a comportarme en espacios públicos; sin embargo esto no me causa
alguna importancia. Mientras ella continuaba hablándome yo solo podía mirar hacia la ventana, observaba las calles aún
desconocidas para mí, permitía que mis pensamientos quedaran en blanco y que se
perdieran en el viento las palabras que me comunicaba mi madre, hasta que
finalmente llegamos.
Me quede inmóvil observando el
lugar, era una iglesia muy amplia y poseía ventanas por todo el edificio de
color madera, no era la edificación más perfecta que hubiese visto, comparada
con las que veía en Inglaterra esta lucia bastante sencilla pero eso me
agradaba puesto que la hacía diferente a lo que conocía, el simple hecho de que
fuese sencilla atraía mi mirada
Entramos al lugar mi madre se
sentó en una de las primeras filas mientras yo preferí quedarme en la última y
ella no puso objeción sobre esto, dio inicio la misa así que tome pronto mis
auriculares, los coloque en mis oídos, me dispuse a escuchar un poco de música,
eso permitía que mi cuerpo y mente se relajaran, tome aire pausadamente,
suspire un poco y observe una de las ventanas mientras esperaba que todo
terminara para ir a casa; pero justo cuando todo había terminado e iba a salir
de la iglesia mi madre me detuvo.
-Michael espera, deseo hablar
contigo así que escucha claramente lo
que diré
Estaba un poco sorprendido por
lo que me había dicho mi madre, era algo extraño en ella actuar de esa manera
así que decidí escucharla-de acuerdo… ¿qué sucede?
-bien, tu padre y yo estuvimos
discutiendo acerca de tu castigo
-eh… ¿mi castigo? pero yo
pensé que…
-¿sucede algo?
-no mama no era eso, olvídalo
realmente no es nada ¿qué ocurre con mi castigo?
-Michael con tu padre discutimos
sobre tu comportamiento, pensamos que no
es correcto permitir que sigas de esa manera, necesitas cambiar esa actitud de
indiferencia que adaptas hacia los demás así que de ahora en adelante serás
parte del grupo juvenil de la iglesia
-un grupo juvenil!!! No
quiero, ¿porque debería hacerlo? ¿Cómo
eso me haría cambiar mi forma de ser?
-con ellos obtendrás un punto
de vista diferente, además de que podrás relacionarte con más personas
-¿relacionarme? Yo tengo
amigos en Inglaterra no necesito más y tampoco deseo cambiar mi actitud así he
vivido siempre, ya tengo 19 años si querías cambiarme debiste intentarlo cuando
era niño y no ahora
-¡Michael no me hables de esa
manera, cuida como empleas esas palabras conmigo!, que no se te olvide que soy
tu madre, ya es una decisión tomada es tu castigo, lo vas a aceptar y a cumplir estés de acuerdo o no
-no, me rehusó a hace…
-guarda silencio, no tienes
derecho a elegir solo tienes una opción y es cumplir con tu castigo, entendido.
Ante las fuertes palabras de
mi madre no tuve más opción que aceptarlo, al final solo tendría que venir e
ignorar lo que hicieran, al menos hasta
que decidieran levantar mi castigo o eso fue lo que pensé…
Continuara…
capitulo 2



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