El cielo de tenerte
Me parece fantasía
Capitulo
II
Mi
madre finalmente se marchó dejándome en
aquel lugar con una de las personas de la iglesia, aquella mujer me llevo al
grupo juvenil, caminamos por varios pasillos hasta que finalmente llegamos a
una pequeña capilla. Una vez que llegue allí podría decir que me encontré con
la persona que para mí sería el más arrogante que jamás hubiese conocido en mi
vida, él era de textura delgada,
bastante alto, su piel blanca como porcelana, con un cabello tan oscuro como la
noche sin luna y sus ojos de un delicado tono violeta, un tono tan cautivante y
misterioso que jamás pude apreciar en
Inglaterra.
-esta
es la capilla de la iglesia, vamos te llevare con tus compañeros
Ella
me dirigió hasta el centro de la capilla, camine un poco disgustado por la idea
de tener que hacer parte de aquel grupo, allí estaban sentados varios jóvenes;
sin embargo no conseguía apartar mi vista de aquella persona de ojos violeta,
para mí él se veía tan diferente no solo por su cautivante apariencia, además
de esto él también tenía algo extraño que llamaba mi atención y despertaba mi
curiosidad; aunque de haber sabido que era, seguramente hubiese apartado mi
vista.
-Todos
por favor escuchen él es Michael Windsor y desde hoy formara parte del grupo
sean amables con él. Ella me miro por un momento, al ver su rostro pude notar
claramente que con una simple mirada me indico dar unas palabras para
presentarme; pero preferí ignorar esto, presentarme en un lugar en el cual fui
obligado a estar era una pérdida de tiempo y un gasto de palabras inútil.
-bien
Michael ellos son tus compañeros- me miro algo disgustada- te pondré a cargo de
uno de ellos para que te de las instrucciones y te lleve a conocer la iglesia ¿estás
de acuerdo?
- sí, está bien- no es como si hubiese tenido
otra opción pensé, pero, si la hubiese tenido me pregunto ¿cómo estaría ahora?
-
Michael él es Riku koizumi y estará a cargo de ti, será tu guía así que
escúchalo con atención.
Me sorprendí bastante al descubrir que Riku koizumi
era el joven a quien no podía dejar de mirar desde que entre en el lugar y en
efecto comparado con su imponente figura me opacaba bastante, lucia muy pequeño
a su alrededor, eso me molestaba bastante he de decir que como príncipe hería
mi orgullo.
…
El
no solo se veía serio también lo era, su rostro hacia una perfecta sincronía
con su actitud tan fría y hostil. Mientras estuve a su lado solo me dio
indicaciones del lugar y de las diferentes
actividades que se realizan, nunca se presentó de manera adecuada lo
único que conocía era su nombre y esto no era
precisamente porque él lo hubiese mencionado, el tiempo me parecía
eterno y me sentía muy incómodo había demasiado silencio para mi gusto,
entonces intente crear una conversación, lo cual fue un gran error de mi parte.
-hola,
soy Michael Windsor mucho gusto, en ese instante Poso su mirada sobre mi permitiéndome observar sus grandes ojos,
realmente sorprendentes te atrapaban con solo un pequeño vistazo
-mi
nombre es koizumi Riku
-Riku,
entonces eres japonés supongo
-sí,
así es
-…yo
soy de Inglaterra…trate de sonreír un poco pero él no mostraba interés alguno
en crear una conversación, era un poco desesperante, pero mi curiosidad era
mayor, quería conocer un poco sobre él así que continúe preguntando.
-¿puedo
llamarte Riku?
-sí,
no hay problema
-¿yo
tengo 19 años y tú?
-tengo
25
-…y
por qué estás en l….antes de poder terminar mi frase, el simplemente me
interrumpió diciendo la oración más larga que hasta ahora pronunciaba.
-podrías
dejar de interrogarme, es molesto, se quién eres y también conozco el motivo
por el que estas en este lugar no hay necesidad alguna para que entablemos una
conversación.
Con
sus simples palabras me hizo sentir tan molesto, pensé, ¿cómo se atreve alguien
como el hablarme de esa manera? por el contrario de ser yo quien estuviera en
su situación me sentiría halagado de que un integrante de la familia Windsor me
hablara, en definitiva Riku koizumi era un insolente arrogante, pero por
supuesto no deseaba quedarme callado y que me ganara, mejor dicho humillara con
sus palabras.
-le
dirigí una mirada de disgusto y continúe hablando- oh disculpe, pero pensé que
para alguien como usted le sería un gran honor que un príncipe le dirigiera la
palabra. –sentí que una sonrisa interna crecía en mi interior y con ello mi
orgullo restaurado, aunque ese fue otro error.
-porque
he de sentirme honrado de que un niño arrogante
me hable, por el contrario creo que me siento ofendido al tener que
lidiar con personas que creen tener una falsa madurez, además presumen de los
logros de sus padres no de los suyos
propios, o es que acaso ha obtenido algo por su cuenta y debo retractarme de
mis palabras “príncipe”.
Humillado
era la palabra perfecta para describirme en ese momento, no solo había dicho
sus palabras en un tono serio y frio con el mayor aire de seguridad que se le
pueden otorgar a las palabras sino que también había dejado un pequeño tono de
sarcasmo al llamarme príncipe, aunque lo peor era que no podía refutar sus
palabras pues más razón no podían tener, en mis 19 años de vida jamás había
tenido que trabajar por algo así que jamás he obtenido algo por mí mismo y tristemente tuve que ser humillado por sus
palabras para darme cuenta de esa realidad.
Silencio,
un sepulcral silencio fue lo que se adueñó del resto del trayecto, y solo el
deseo de volver a casa y desaparecer de la vista de aquel que hirió mi orgullo
habitaba en mí; sin embargo, el deseo de hacer que se arrepintiera de sus
palabras se colaba entre mis pensamientos, en ese momento no sabía cómo lo
único que tenía claro es que lo haría, y así termino el día y con ello el
momento de irme pero claro no sin antes dirigirle a ese insolente unas
palabras, palabras que se llevaría el viento y las borraría con el tiempo o al
menos es lo que me hubiese gustado que pasara.
-me
acerque a él sin temor a mis acciones y sin más le mire fijamente a sus ojos y
pronuncie.
-
koizumi Riku escucha mis palabras y no las olvides, algún día tendrás que
retractarte de lo que me has dicho.
-de
que se supone tengo que retractarme
-…tu…-ira,
enojo, rabia, mejores palabras no describirían el tono que salía de voz, ¿no le
bastaba acaso lo que me había dicho que ahora fingiría no saber de qué hablo?
-y
bien ¿no me lo dirás?
-tome
un largo suspiro y continúe -yo te demostrare de lo que somos capaz aquellos
que llevamos el apellido Windsor, y cuando eso pase tendrás que disculparte por
cómo me has tratado- sentencie-
-jamás
le doy un trato especial a nadie como lo trato a usted, trato a los demás,
entonces no veo porque debo disculparme.
-insolente,
insolente, insolente era lo único que cruzaba en mi cabeza para describirlo – ¡acaso
olvido las palabras que me ha dicho!- bufe molesto- mire Riku yo no soy ningún arrogante
y tampoco un inútil, le voy a demostrar que no necesito la ayuda de mis padres
para obtener aquello que sea fruto de mis deseos.
-oh,
entonces se refería a esas palabras, mire niño lo único que me ha demostrado
con sus palabras es que las mías no fueron erróneas y espero le quede claro que
no me disculpare por decir la verdad, ahora si me disculpa yo si tengo trabajo
que hacer.
Y
así sin más se alejó de mí dejándome completamente histérico y con una sarta de
insultos que deseaba gritarle y que obviamente no saldrían de mi boca y como príncipe
que era tampoco podía permitirme pronunciarlas, lo único que hice fue gritarle
en vano pues él ya se había ido y seguramente no me escucho. -¡INSOLENT, I
swear you’ll retract… an… and I’m not a child!*
…
Luego
de cenar, me encontré recostado sobre mi cama, daba largos y profundos
suspiros, meditaba en una completa y no tan perfecta calma, ¿que se supone que haría?
¿Qué puedo hacer por mí mismo?, ciertamente no sabía hacer nada y nunca había pensado
el cambiar ese hecho, pues me encontraba bien con esa situación o al menos así
era hasta hace unas horas… obtener algo por mí mismo era el objetivo; pero, el
problema es que no sabía cuál era ese “algo” de mi objetivo; pero de algo si podía
estar seguro y es que las respuestas siempre llegan con el tiempo y las de mis
dudas no serían la excepción a esta regla , aunque ahora preferiría que esas
respuestas no hubiesen llegado o mejor que esas dudas jamás hubiesen cruzado
mis pensamientos.
Dicen
que si se crea una pequeña mentira luego hay que cubrirla con otra y así sucesivamente
hasta que esa mentira se vuelve enorme y no hay más remedio que decir la verdad,
yo descubrí algo muy similar pero al mismo tiempo diferente, y era que de una
duda puede nacer otra y otra más y llegaran diferentes respuestas algunas
agradables otras no tanto; pero al final siempre llega una sola respuesta que despeja todas las dudas que nacieron de
una pequeña interrogante y a veces puede ser tan dura y cruel como la verdad de
esa enorme mentira.